Cuenta Celine Song que siendo directora de cine tiene que tomar decisiones constantemente y que agradece explorar algo tan libre y misterioso como es el amor, algo para lo que después de miles de años todavía no existe una respuesta clara. También confiesa que no cree en el amor a primera vista, pero sí cree en el amor a primera conversación, y en su película Materialistas hay muchas de esas conversaciones.
Lo voy a decir ya desde el principio, sin medias tintas, Materialistas (Celine Song, 2025) me ha parecido una obra maestra. En mi humilde opinión supera a su anterior película, Vidas pasadas (Celine Song 2023), que le dio el prestigio y ya me había parecido extraordinaria. Con esta nueva aproximación al amor tenía mis vacilaciones, ya que había leído comentarios poco entusiastas que tildaban el film de fallido o demasiado conservador o comercial, pero he de decir que, tras visionar Materialistas, Song continúa en la misma línea y ambas películas se parecen mucho más de lo que parece a simple vista.
Celine Song mantiene una puesta en escena sutil y minimalista; deja que los personajes respiren en el plano y se sienta la tensión o la emoción del momento. Se arriesga a ir a lugares oscuros y poco transitados en una aparente comedia romántica que es mucho más que las limitaciones impuestas normalmente por el género. Yo diría que cambia para siempre el género y es asimismo un comentario meta sobre todas esas películas que le sirven de modelo.
Es la comedia romántica que necesitábamos pero no sabíamos, un caballo de Troya que tiene la apariencia, los personajes y la estructura de una comedia romántica de Jennifer Aniston pero en su interior está la profundidad de Bergman o diálogos brillantes a lo Billy Wilder (salvando las distancias) o de las mejores screwball comedies.
Entiendo que haya desconcertado más que gustado porque juega a dos bandas todo el rato: es intimista y profunda (hay un momento en el que los personajes se desnudan emocionalmente y analizan su lado más oscuro) sin renunciar a ser cursi, chispeante y disfrutona. Los personajes funcionan más como arquetipos de rom-com con un punto pedagógico sobre las dinámicas del amor heterosexual en la era digital y su mercantilización. Es una película mutante, pasa de ser una sátira sobre el mercado contemporáneo del amor y sus expectativas para retorcerse en un ejercicio de búsqueda espiritual que sitúa al amor como centro y única guía para los problemas de soledad y autoestima que nos acechan a diario.
El trío amoroso (Dakota Johnson, Chris Evans y Pedro Pascal), casualmente tres actores que han aparecido en la factoría Marvel, brilla con sus mejores papeles en pantalla hasta la fecha. No considero a ninguno de ellos grandes actores, pero bajo la de dirección de Song y un casting muy certero logran exprimir todo el jugo de sus personajes.
Pienso que no se ha entendido y, como el buen vino, con el paso del tiempo se verá en toda su complejidad. Por películas como ésta es que sigo teniendo ilusión por la cartelera.
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