Hay películas que se disfrazan de esparcimiento, disparan un par de chistes, hacen ruido durante hora y media y, cuando llegan los créditos, uno tiene la sensación de que acaba de consumir un producto precocinado… que te deja un regusto amargo en la boca. Y otras, como Mayday, que pertenecen a esa categoría en la que comedia, acción y buen hacer cinematográfico se dan la mano para construir un entretenimiento tan ligero como bien ejecutado. Aquí os dejamos la crítica de la película Mayday de Apple TV+.
La nueva película de Jonathan Goldstein y John Francis Daley (los directores de Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones) es una producción de Apple TV que, contra lo que podría esperarse de buena parte del entretenimiento concebido directamente para streaming, apuesta por el criterio cinematográfico. Consigue retomar el genio cómico de las buddy movies y entrega una sólida comedia de colegas que eleva el listón de su calidad no por lo que muestra, sino por cómo decide contarlo.
📺 Puntuación: 🧡🧡🧡🧡🤍
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Cuando entretener también es un arte
No parece una película construida alrededor de un algoritmo que haya calculado cada chiste, cada explosión y cada plano hermoso de la cara de Ryan Reynolds. Hay una puesta en escena con ritmo e intención, una armonía que se respira en unos planos que están madurados antes de rodarlos.
Goldstein y Daley ya habían demostrado que entienden la comedia como algo más que una colección de ocurrencias. En Mayday la cámara no está ahí para registrar lo que sucede: se mueve entre los personajes como si estuviera jugando con ellos y logra que las escenas giren con naturalidad por la rueda del entretenimiento. Consigue sacar humor de la acción, de los espacios, del montaje y, sobre todo, de las reacciones. Las secuencias de acción tienen energía y claridad, mientras que los momentos cómicos no dependen exclusivamente del diálogo.
Un ejemplo lo encontramos con la secuencia del huevo de Fabergé, una escena que podría haberse resuelto de manera rutinaria y que, sin embargo, los directores convierten en una pequeña exhibición de precisión cómica. Los personajes, el objeto y la cámara parecen entrar en una coreografía perfectamente calculada, y el gag funciona tanto por lo que ocurre como por la manera en que la película decide enseñárnoslo.
El entretenimiento no está reñido con el buen cine
Durante demasiado tiempo, buena parte de la comedia de acción ha confundido velocidad con ritmo y volumen con intensidad. Si alguien grita, otro dispara y, por supuesto, algo tiene que explotar para que parezca que tenemos una escena. Mayday logra que sea el guion quien haga avanzar el metraje transmitiendo una plasticidad visual que se disfruta.
La película se mueve con soltura entre la acción y la comedia sin que una tenga que pedir permiso a la otra. Goldstein y Daley ruedan con una elegancia que permite que la película tenga músculo visual incluso cuando está haciendo el idiota. Hay movimiento, composición, ritmo, planificación. Hay una puesta en escena que no se limita a acompañar los chistes, sino que participa en ellos.
La película juega además con algo que resulta especialmente divertido, la mitología del cine ochentero con Top Gun apareciendo como una especie de objeto de culto tanto en el cuarto de Nikolai como en la construcción de sus fantasías sobre América. La referencia no se queda en el simple guiño cinéfilo: se integra en la propia puesta en escena y en la caracterización del personaje, convirtiendo la broma en una herramienta más de la comedia.
Reynolds baja el volumen
El reparto termina de redondear la jugada gracias a una pareja de actores que demuestra una química saludable que refuerza la sensación de que todo el equipo está disfrutando con la película.
Ryan Reynolds está más contenido de lo habitual, lo que quizá sea una de las pequeñas sorpresas de la función. Se aprecia especialmente en sus conversaciones con Nikolai, donde muchas veces el humor nace del desconcierto y de la reacción de Troy ante las situaciones absurdas en las que se ve metido, más que de una réplica brillante colocada cada pocos segundos. Tampoco podemos pedirle que desaparezca su verborrea crónica, pero la película nos ahorra que se convierta en una máquina expendedora de ocurrencias.
Kenneth Branagh, en cambio, abraza con entusiasmo el componente más juguetón del conjunto. Hay en su interpretación una energía deliciosamente desatada, pero siempre bajo control, disfrutando de un personaje que le permite hacer el ridículo sin perder la dignidad. Maria Bakalova y Marcin Dorocinski completan un reparto que funciona precisamente porque nadie parece desesperado por robarle la película al compañero de al lado.
No todo brilla
Mayday tampoco es una película perfecta. Su principal problema es que, bajo toda esa energía y buen hacer visual, la historia no resulta especialmente novedosa. La fórmula de la buddy movie está más que recorrida y algunos giros pueden anticiparse con bastante facilidad. En determinados momentos, además, el ritmo se resiente y la película parece confiar demasiado en el carisma de sus protagonistas para mantener el vuelo.
Tampoco todos los chistes tienen la misma precisión. No es algo que arruine la experiencia, pero sí limita sus aspiraciones. Mayday sabe perfectamente qué quiere ser y lo ejecuta con solvencia, aunque rara vez consigue sorprender más allá de su estupenda puesta en escena.
Piloto automático: desconectado
Una película que no confunde ligereza con desgana ni humor con improvisación permanente. Que entiende que hacer cine comercial no significa necesariamente hacerlo con el piloto automático puesto. Puede que Mayday no vaya a cambiar la historia del género, pero al menos sabe dónde está el botón de despegue que hace volar la sonrisa del espectador. Y, viendo cómo está el tráfico cinematográfico del entretenimiento, aterrizar sin estrellarse ya merece un aplauso.
Tiene ritmo, personalidad, secuencias ruidosas de acción y gotas de comedia bulliciosa. Se disfruta con ese placer escondido tras la palabra entretenimiento. Cuenta con una acción contundente que no parece impostada por un cartel urgente que ponga «explosión» para estimular al público.
Porque Goldstein y Daley vuelven a demostrar que tienen bastante claro qué clase de cine quieren hacer: un cine ligero, sí, pero no ligero de ideas. Entienden algo tan sencillo como poco frecuente: que una comedia de acción también puede tener ambición cinematográfica.
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