Mientras hay personas que todavía creen que por el hecho de que una historia esté basada en hechos reales eso le confiere al relato un aura de veracidad, existe una cineasta como Carla Simón que representa un realismo cinematográfico despojado de artificios. Que no se me malinterprete. No quiero decir con esto que no haya en la cineasta un marcado sello autoral por adscribirse a una tradición de cine realista, sino todo lo contrario. Es tan difícil encontrar una obra que transmita con tanta transparencia las desavenencias de una familia, que lo que hace Carla Simón se podría considerar un acto de resistencia o, si se quiere, un oasis entre tanta falsedad.
¿De qué va Romería?
En Romería (Carla Simón, 2025), volvemos a presenciar una autoficción en la que se narra como una adolescente que, recién cumplida la mayoría de edad, viaja de Barcelona a Vigo para pedir un papel que de fe de que es hija de su padre, que murió siendo ella muy joven, para poder pedir una beca para estudiar cine. En Vigo se infiltra en su familia paterna, a la que nunca conoció, y comienza a descubrir, por un lado, gracias a los diarios de su madre y, por otro, a los testimonios de sus tíos, las luces y sombras del romance de sus padres en una Galicia ochentera azotada por la epidemia de la heroína y el sida.
La autoficción hecha arte
El cine no tiene que representar la realidad necesariamente, pero cuando lo consigue, se produce un destello en la pantalla, como una mota de polvo atravesada por un haz de luz o el vaivén de las olas en el mar. Atrapar esos momentos mágicos, que son más verdad que la verdad misma, es lo que ha intentado Carla Simón en todas sus películas. A eso le debemos sumar su aproximación al trabajo actoral, mezclando en todas sus películas actores profesionales y no profesionales.
Sostenido por Llucía García, que encarna a la protagonista, el verismo al que se ve sobreexpuesta la pantalla es abrumador. Yo tengo un problema, y soy consciente de que es mío, y es que no me creo a la gran mayoría de actores del cine español. Ya sea porque comparto el mismo idioma o por su técnica interpretativa, pero para muestra un botón. He aquí una alternativa, un vuelo libre capaz de que los gestos y las palabras de todos los actores se sientan orgánicos, despojados de esa tela fina de hormigón que cubre tanto cine español.
Es la película más narrativa de Carla Simón. Seguimos con interés una investigación profunda de las raíces de uno. Comprender a los padres para poder comprenderse a una misma. Los hallazgos no son rotundos y clarividentes. Cada uno tiene su versión de los acontecimientos y sus esqueletos en el armario. Como en todas las familias, hay temas de los que no se puede hablar. Y, como toda la historia está contada desde la perspectiva única de la chica huérfana, asistimos a conversaciones escuchadas a medias, su mirada a través de las texturas de su cámara de vídeo y su expresiva cara cuando el pasado imaginado cobra forma, como si fuera un espectro que se vuelve lúcido a la vez que la verdad va surgiendo del fondo.
Conclusión
Se podría decir incluso que se trata de un coming of age contenido. Pero llega un momento en el que la realidad se quiebra. Donde no llegan los diarios, ni el consenso ajeno, ni siquiera ese pequeño acto de venganza, ahí está la imaginación, la reconstrucción como herramienta para sanar las heridas del pasado, la elucubración como asidero de la identidad, propia y familiar.
En esa huida, Marina se reencuentra con los fantasmas de sus progenitores y todo se vuelve más abstracto, incluso performativo y experimental y ahí Carla Simón nos muestra otra faceta de su imaginario personal. Porque, en el fondo, ese es el único refugio que nos queda ante la barbarie: la fantasía, la magia de contarnos y compartirlo para podernos trascender en un yo colectivo. Con ese segmento, pareciera que Carla Simón te está diciendo: «Coge tu barca y únete a la resistencia».
¿Qué te ha parecido Romería? Déjanos un comentario más abajo con tus impresiones. ¡Te leemos!
Puedes leer otras críticas de pelis en nuestra sección: Críticas de cine.






























4 respuestas
Me parece muy buena la crónica de la pelicula.
Realmente Llúcia se come la pantalla con una naturalidad que abruma y también enternece.
Con respecto a los actores, creo que Carla Simón consigue que no “actúen”. Destacaría el papel de Marina Troncoso (abuela), que muestra muy bien el dolor contenido.
Muchos saludos.
Muchas gracias por tu aporte. Nos alegra que te haya gustado 🙂
Buenas
Muy de acuerdo con la crítica. Como la tela de araña se va tejiendo para la protagonista, que nunca sabe más que el espectador, y eso para mi es uno de los hallazgos de la película. Nos hace partícipes de su búsqueda y de su desconcierto.
Sorprende la parte alegórica, wow. Menudo salto al vacío, del que Carla sale muy bien parada. La peli se va a otra cosa, libre, anárquica..para poder concluir de alguna manera.
Es una película que no llama la atención en ningún momento, no está gritando «imagen!» pero que llega a lo más hondo.
Muchas gracias por tu comentario y por complementar nuestro análisis!! te leemos!!