Día 2: Franceses estomagantes, homosexuales vascos, el arte del perdón iraní, y un Brasil mágico.
“He dormido suficiente”, repito una y otra vez de camino al Teatro Principal del Festival de San Sebastián 2025 a ver la primera película del día. Si algo aprendí de la película sobre Putin de ayer es que si repites algo las suficientes veces, éstas se convierten en realidad. Entre este mantra absurdo y la música que llevaba, se me fue el santo al cielo y me equivoqué de sentido. Faltaban cinco minutos para que empezara Nouvelle Vague de Linklater y según Google Maps se tardaban 13 minutos. No me quedó otra que echar medio pulmón por la boca corriendo y llegar in extremis sudando y con una tos terrible.
Nouvelle Vague de Linklater
Dejé de respirar agitado cuando Godard en la película comienza a rodar Al final de la escapada, pasados los 20 minutos de metraje. Es la píldora de buen rollo que necesitaba para disfrutar de lleno el festival. Con actores nada conocidos y una voluntad libre y sin prejuicios a la hora de retratar a una generación que cambio el cine para siempre, Linkater retrata a esta pandilla de intelectuales petulantes con la misma gracia con que ya lo hizo con los estudiantes de instituto de Movida del 76.
Linkater te ofrece el sueño húmedo del cinéfilo cultureta: poder pasar un rato rodeado de tus directores favoritos cuando no lo eran, cuando solo eran jóvenes inquietos con muchas ínfulas. Godard aparece retratado frente a los demás como un cínico egocéntrico con más pose que genio, pero no deja por ello de ser un personaje adorable, que al final tienes que querer, con sus excentricidades y sus defectos.
Se opera todo el rato en dos dimensiones que parecen contradictorias pero no lo son, funcionan: lo pedante de las citas y los tan afrancesados circunloquios encuentran su espacio en un relato dinámico y fresco; y por otro lado las bromas privadas, esas pequeñas anécdotas que he de suponer basculan entre el mito y la realidad a modo de diario de rodaje de la primera película de Godard germinan en ese título con el que cierra el film que constata Al final de la escapada como la película que revolucionó el cine tal y como lo conocíamos y su influencia para todos los que vinieron después.
Aquí el apetito cinéfilo se empieza a torcer. Decía hace un momento que las verdades cuanto más se dicen más entran, o como se decía antes “La letra con sangre entra”. Pues en las películas de hoy el mensaje se gritaba con urgencia, quizás demasiado para mi sensibilidad cinéfila. ¿Qué significa esto? Que el mensaje estaba por encima de la narrativa de la película y esto me suponía cierto recelo. Como si estuviera viendo una película del oeste y cada 20 minutos saliera un anuncio de teletienda vendiéndome una Winchester 94. Pues no apetece.
Un simple accidente de Jafar Panahi
Un simple accidente viene de ganar la Cannes la Palma de Oro en Cannes. Se puede decir que es una comedia costumbrista (a su manera) en la que una persona que ha sufrido vejaciones y torturas en el calabozo se encuentra con su maltratador y lo secuestra. Como no está seguro de si es él o no, va sumando a modo de elefantes en una tela de araña a víctimas de este supuesto victimario. Lo que sigue es una farsa en la que se combina el trauma desolador de la tortura y la posibilidad del perdón con una aproximación que no evita el humor para llegar a su destino. Es coqueta y simple -como su título -en su puesta en escena, pero peca de gritona, de reiterar su mensaje con la rabia de quien quiere denunciar una injusticia a toda costa.
Jafar Panahi, su director, ha sido capaz de divulgar el estado de su país de maneras mucho más inspiradas y sutiles en sus películas anteriores. Se me pasa por la cabeza que el máximo galardón en Cannes fuera un reconocimiento político y activista a toda su trayectoria, que, por otro lado, lo merece con creces.
Maspalomas de Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi
Del perdón a la identidad. Maspalomas de Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi comienza fuerte, con imágenes de sexo explícito en las dunas de Maspalomas, en Gran Canaria, donde hay un complejo fiestero dedicado a la comunidad homosexual masculina. Este colectivo de directores vascos ya trató la homosexualidad en la vejez en En 80 días (recomendadísima). En ese caso eran lesbianas y contaban una historia de oportunidades perdidas, dulce y sugerida.
Aquí nos centramos más en la relación con el sexo y el deseo, cómo cambia la percepción que tenemos sobre nosotros mismos al hacernos mayores y cómo nos perciben los demás. Pero en el fondo hablamos de lo mismo: de la identidad y de hacer las paces con quienes somos de verdad.
O agente secreto
Empieza a llover, esa lluvia que no moja demasiado, pero cala, el txirimiri. Nada mejor para adentrarse en el peculiar mundo cargado de realismo mágico que nos propone Kleber Mendonça Filho en el Brasil de los 70 en O Agente secreto. El contexto político aquí lo es todo y lo condiciona todo. La dictadura militar en Brasil hizo que muchos de aquellos que no la apoyaran se convirtieran en refugiados en su propio país y huyeran del propio régimen que los detestaba.
Esta es solo una de esas historias. Entre el Carnaval, los ecos a Tiburón (Steven Spielberg, 1975) y una policía desastrosa que vivía a golpe de mordidas, se hace un retrato alucinado, de tan real, absurdo, que clava sus incisivos dientes en la memoria histórica de un país revuelto, como las del tiburón en esa pierna que se utiliza como maravilloso cuento fantástico sacado de un fanzine o de un film de serie B.
Conclusiones
En San Sebastián sigue lloviendo y, a la par que recibo la lluvia en mi outfit de verano, también recibo la rabia de unos cineastas que reivindican su identidad mirando al pasado de su historia más inmediata. No nos olvidemos que el pasado no es más que un espejo del presente y el cine es un fractal más de ese espejo. Los espectadores somos meros reflectores de estas representaciones cargadas de lucha y ternura. Hagamos que esa lucha valga para algo y no nos olvidemos de estos mensajes.
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Un comentario
Gracias Alex, buenisimo trabajo