Crónica día 8 Festival de San Sebastián 2025

Crónica Festival San Sebastián 2025
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Día 8: Una madre intrusiva, una hija traumada, un monstruo compasivo, un niño gitano y la gallina más valiente.

Al Festival de San Sebastián 2025 le quedan menos días que a un enfermo terminal. Es la metáfora más desafortunada de todas las que he hecho nunca. Un periodista nunca se atrevería a empezar su pieza informativa de esta manera. Estaría feo. Y eso que puedo asegurar con certeza que ningún enfermo terminal ha sido herido en la escritura de esta crónica.

Hoy los ánimos están un poco mermados por el traqueteo de los días, la sobrecarga de películas en el disco duro y el poco tiempo para digerirlas, una alimentación a base de bocadillos y pintxos cuya ingesta tiene lugar corriendo por la calle mientras llueve, la soledad del cinéfilo que no encuentra con quién discutir las películas que ve… Todo pesa, todo cansa. Pero queda el cine, y hoy, lo hubo, en modestas dosis y en platos combinados de ambición.

Die, my love de Lynne Ramsay

Ahora mismo no me vienen demasiados ejemplos de películas donde se meta el dedo en el deseo sexual femenino tras el embarazo. En Die, my love, Lynne Ramsay mete la mano hasta el codo, dando la voz y el cuerpo a una mujer «bajo la influencia» —la sombra de la película de Cassavetes es fundacional para entender esta obra y gran parte del cine independiente americano—.

Jennifer Lawrence y Robert Pattinson son una pareja de enamorados que deciden irse a vivir a la casa del tío de él, tras su suicidio. Ella queda embarazada, él no para de trabajar. Ella empieza a tener comportamientos erráticos, deja que sus pensamientos intrusivos dominen sus actos, abre la puerta al deseo lúbrico y al imperativo animal y las discusiones entre la pareja se convierten en rutina.

Lo fácil sería juzgar al personaje de la Lawrence y tacharla de loca, pero yo me siento conmovido por su libertad y su tristeza endémica, por su audacia para romper con las convenciones sociales y transpirar algo de verdad entre tanta contención artificial y conversación banal. Todo se tiñe de su estado de ánimo y vivimos la película, con sus canciones abruptas y su mirada deformante, a través de ella. Es la pesadilla de la depresión posparto, o algo así. Lo mejor de todo es que no hace falta entenderlo para sentirlo, solo hace falta dejarse llevar y conectar con nuestro yo más primitivo.

Sentimental Value de Joachim Trier

No sé muy bien qué pensar de Joachim Trier, pariente lejano de Lars von Trier —el Trier bueno— tras ver su última creación, Sentimental Value, Gran Premio del Jurado en Cannes. Las comparaciones con Bergman se le quedan tan grandes a Trier que sería cómo comparar una medalla olímpica con una de plástico fino: de lejos parecen iguales, pero a la que muerdas un poco, se deshace el entuerto. La nueva creación de Joachim Trier es mucho más una película del ahora, con todo lo que ello conlleva, sin entrar en si es bueno o malo, que en la maestría del bueno de Bergman, ni en guion ni en puesta en escena. Dicho esto, valoremos el film por lo que es y no en relación a otra cosa.

Sentimental Value es el trauma de una hija por un padre ausente que se niega a zambullirse de lleno en la historia que cuenta y opta por ser tan sutil que se acaba acercando a algo parecido a la nada. Lo hace por miedo al ridículo o qué sé yo. Es la relación de dos hermanas unidas por ese mismo padre irresponsable, la búsqueda de las motivaciones de una actriz que no se siente preparada para un papel muy personal. Es la prueba de cómo arruinar una propuesta decente con un final espantoso que se hunde en una redención innecesaria y pueril. Antes de llegar al desenlace, me dije a mí mismo que si terminaba como terminó, bajaría un punto en mi imaginario. Aun así, me gustaría hablar con alguien que me defienda ese final, porque no descarto que se me escape la verdad de la trama.

Frankenstein de Guillermo del Toro

Al parecer, cada año proyectan en el festival una película sorpresa. Lo que no sabía es que se revela unos días antes de que la pongan. Este año le ha tocado al Frankenstein de Guillermo del Toro. Planteada como un díptico dónde vemos el punto de vista del Doctor Victor Frankenstein y el de su criatura, cada una de sus partes asume sus propios riesgos y aterriza como puede según el gusto de cada uno.

Al que firma esto le atrae más la historia vital, con romance trágico incluido, de un Victor Frankenstein antipático y moralmente despreciable que aquí ejerce de villano espiritual —como no, con su esperable redención— que la travesía del cariño y el aprendizaje que emprende la criatura. Los circunloquios donde los personajes se explican a sí mismos y las interpretaciones desbordantes y un pelín teatrales encuentran su razón de ser en el relato como cuento gótico y tiene que ser uno quien decida comprar ese código. Tampoco voy a negar que me sea fácil pasarlo por alto.

Ciudad sin sueño

El cortometraje Aunque es de noche de Guillermo Galoe, nominado al Goya, es el origen de Ciudad sin sueño, esta historia sobre un adolescente gitano que vive en unas chabolas de la Cañada Real. Es realmente impresionante no solo la veracidad de todos los intérpretes sino la capacidad del director de poder grabar en esa comunidad cerrada. Intuyes que ganar su confianza de esa manera no habrá sido tarea fácil.

La película incluye imágenes supuestamente tomadas con un móvil aplicando filtros de colores. Pero lo que destaca por encima de todo es la expresividad de todos los participantes, la concreción tanto en trama como en imágenes realistas pero con ese halo que escenifica un sentimiento compartido de hartazgo de la exclusión y la necesidad de salir del gueto para adentrarse en lo desconocido.

Kota (Hen)

Sería exagerado afirmar que Kota (Hen) —Gallina en su traducción al castellano— es la película del festival porque no lo es. En el momento que supe su sinopsis —las aventuras de una gallina— mi interés se disparó y se ha convertido en una de las películas más esperadas, al menos por mí. Y he de decir que ha cumplido de sobra.

Es lo que promete, una película de aventuras sobre una gallina negra que, mediante un montaje inteligente, logra transmitir tensión, empatía e hilaridad en set pieces de pura supervivencia: desde el duelo con un zorro, pasando por un romance con un gallo apuesto, un horroroso incendio o el enfrentamiento con unos gánsteres.

Todo esto cabe en una película que se toma muy en serio a su protagonista y que utiliza todos los recursos a su alcance para humanizar a una gallina que entrega la performance su vida, precisa en cada réplica y convincente en su trayecto por el plano. Solo puedo imaginar la paciencia infinita que tuvo el equipo de rodaje para filmar todo lo que acontece. Hallazgo gallináceo que consigue entretener hasta al más escéptico.

Conclusión

El día no termina hasta que no te acuestas. Aunque sea de noche. Aunque sea otro día. Qué graciosa la gallina. Jennifer Lawrence condenando el genocidio en Palestina. Bonito de Jarabe de Palo sonando en cada radio de bar. Ese intervalo entre que cierras los ojos y los vuelves a abrir te devuelve imágenes ensoñadas alternativas a la película que estás viendo. Maridaje onírico. Mañana termina todo. Si no me gusta la Concha de Oro, estad seguros de que patalearé.

Puedes leer más noticias relacionadas y el resto de mi diario en el Festival de San Sebastián en nuestra sección: Noticias de cine.

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