Por qué todo el mundo habla de Los domingos: la película que no te dejará indiferente. Crítica de Los domingos

Crítica Los domingos
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De lunes a domingo, y así…

En este en apariencia sencillo filme de la directora Alauda Ruiz de Azúa (Cinco lobitos), nos adentramos en una pequeña familia que se tambalea cuando la hija mayor comunica su atracción por la vida en un convento de clausura. Y, a su vez, nos adentramos en el espíritu religioso que inunda el alma de esta joven, muy querida y valorada por todo su entorno.

Consulta otras críticas en nuestra sección de cine.

La contemplación religiosa en tiempos de Instagram

Digo en apariencia sencillo porque en realidad está lleno de matices, de metáforas visuales que tratan de llevar al espectador hacia lo profundo de una chica diferente: un túnel camino al convento, una cuesta empinada en medio de la naturaleza por la que desciende seguida del chico al que le gusta. Aparentemente sencilla por lo cotidiano de las escenas, en el interior de las casas, un salón, una cocina, una salita, con conversaciones familiares de una tensión latente que va en aumento a lo largo del recorrido hacia la toma de una decisión, cuando lo que podría parecer el capricho de una adolescente encendida por el sentimiento religioso, pasa a convertirse en la lucha por perseguir una vocación.

¿Cómo una persona podría sentirse realizada o ser feliz sin acumular un montón de experiencias, pasar por la época universitaria, consumir viajes, tener sexo, ir a restaurantes, conciertos, museos…, y sin poder contárselo a nadie? No seré yo quien tenga la respuesta, pero a lo mejor habría que preguntarse qué es eso de ser feliz para cada cual, y luego si todo el mundo necesita lo mismo para conseguirlo.



David contra Goliat

La preciosa e inteligente Ainara ha crecido sin madre y es la hermana de su padre la figura materna que intenta protegerla y guiarla, pero se pasa de frenada, en mi opinión. En un principio quiere escuchar, pero cuando se da de bruces con la incomprensión de lo escuchado, empieza a desatar su artillería en una cruzada para que su sobrina ceje en su empeño, en un ejercicio de manipulación de las personas más importantes en la vida de la chica, desde su mejor amiga del colegio religioso al que va hasta la priora de la orden religiosa en la que querría ingresar. No se da cuenta de que está subestimando a su sobrina y, sobre todo, a Dios o ese poder sobrenatural que colma de dicha a quien llama. Y de fuerza, puesto que la chica muestra una gran determinación, fortaleza moral y madurez.

El corazón tiene razones que la razón no entiende

Es la tía la que pierde la razón cuando siente que no puede controlar lo que está pasando a su alrededor, también en su propia casa con su pareja. Para ella no tiene sentido que su sobrina quiera perderse un mundo de placeres terrenales en plena adolescencia y se revela como una mujer muy humana, sí, y por eso profundamente egoísta. Cree que ama a su sobrina, pero lo hace solo con condiciones: siempre y cuando haga lo que ella considera correcto, bueno, bonito o, podríamos decir, normal. No respeta los deseos de los demás, no quiere que se equivoquen, cree que los demás no saben cómo funcionan las cosas, no interpretan bien las señales, y todo esto mientras su mundo se derrumba y se va quedando sola en medio del ruido. Y los demás continúan con su vida integrados en un coro de voces amigas.

Los prejuicios

No creo que la directora nos quiera hacer comulgar con ruedas de molino (si se me permite el chiste), sino que nos presenta esta situación delicada relacionada con la vocación religiosa en el seno de una familia, que tampoco es una disyuntiva de vida o muerte (por mucho la tía lo lleve al límite), para hacernos reflexionar sobre hasta qué punto somos inclusivos, si en nuestra estudiada tolerancia no cabe la aceptación de que un familiar tenga esa fe ciega, o esa fe, que es lo mismo, o ese enamoramiento (que así lo llaman en la peli) hacia Jesús, puesto que se trata de un valor relacionado con la tradición, y esta con lo conservador y la derecha. Cualquier vocación menos esa, que se vaya de misiones a Perú sin más, que se haga adiestradora de pulgas, o aún peor, que estudie Bellas Artes o Filología hispánica.

Puede ser que la directora nos esté recordando que las apariencias engañan, que el padre es torpe, pero no es malo, que la madre superiora no es un demonio cruel, y que la tía, que se cree muy evolucionada y enrollada, es la más obtusa de todos los personajes. Equipara esa fe cristiana a cualquier fanatismo, pero nadie aún ha matado a nadie con rezos ni hacer galletas se considera un acto violento. Esta chica es sensible, sí, pero no diría que se siente vulnerable ni vacía por dentro. Muchas personas han crecido sin madre o padre y en ellos no hay una tendencia a destruir sus vidas.

Mejor película en los Goya 2026

La 40ª edición de los Premios Goya ha confirmado lo que muchos ya sospechábamos: Los domingos es la película del año. La cinta dirigida por Alauda Ruiz de Azúa se ha alzado como la gran triunfadora de la noche al conquistar cinco de los galardones más prestigiosos, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Original. El Auditorio Fórum CCIB de Barcelona fue testigo de una noche histórica en la que el cine español se rindió ante esta historia tan íntima como universal, consolidando también a Patricia López Arnaiz con el premio a Mejor Actriz Protagonista y a Nagore Aramburu como Mejor Actriz de Reparto.

Puedes leer otras de mis reseñas y críticas en: María José Cerón Soria.

Tráiler de Los domingos

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